He estado pensando un poco, durante estos últimos días, en la videoconferencia (mediante Skype) de Jordi Adell a la que asistí el viernes pasado, dentro de las Jornadas hispano-lusas de las que hablé en el post anterior.

En la primera parte de su conferencia, Jordi Adell habló sobre la evolución de Internet, centrándose especialmente en su última fase, la Web 2.0, y en su uso de la inteligencia colectiva mediante novedosas herramientas. No me aportó grandes novedades, realmente.

Lo interesante vino después, cuando Adell citó a Marc Prensky y su idea de los nativos digitales frente a los inmigrantes digitales. Inmigrantes digitales somos quienes utilizamos la tecnología, convivimos con ella, disfrutamos de ella y trabajamos con ella, pero nacimos y crecimos sin ella. Frente a nosotros están nuestros alumnos, los más jóvenes, que sólo han conocido esta sociedad altamente “digitalizada”. Ellos y ellas son los nativos digitales.

¿Usamos la tecnología, nosotros y ellos, de la misma forma? Ciertamente no. Nosotros preferimos el e-mail, ellos usan la mensajería instantánea. Nosotros leemos el libro, ellos ven la película. Nosotros hacemos sólo una cosa cada vez, ellos son multitarea (deberes+tele+ipod), aunque se concentren menos en cada una de ellas. Para ellos el texto ilustra a la imagen y no al revés.

Hace unos días publiqué una crítica feroz contra el Messenger; ahora sé que era la crítica de un inmigrante digital, incomprendido en este mundo al que me creía adaptado. No es que considere que me equivoqué, más bien reconozco que pretenezco a ese mundo en decadencia para el que el Messenger es una absoluta estupidez.

Y como he leído en este interesante artículo, a los docentes se nos plantea un dilema: o los inmigrantes digitales aprendemos a enseñar distinto, o los nativos digitales deberán retrotraer sus capacidades cognitivas e intelectuales a la que predominaba dos décadas o más atrás. ¿Es para tanto? Tal vez todavía no, pero es una hipótesis cada vez más plausible.

¿Tiene sentido aprender el orden alfabético de los diccionarios cuando Google te va a encontrar lo que necesites con sólo introducir una palabra en un cuadro de texto? ¿Tiene sentido escribir correctamente esa palabra si el propio Google te va a sugerir la forma correcta cuando te equivoques? Parece universalmente reconocido que todo el mundo tiene que saberse las tablas de multiplicar. ¿Pero es necesario realmente, cuando tenemos a mano una máquina que nos va a hacer cualquier cálculo de forma rapidísima y eficaz?

A menudo oigo decir que con los ordenadores los niños leen menos y apenas escriben. Soy la primera persona a la que le pasa, y eso que sólo soy un vulgar inmigrante digital. ¿Será cierto que leer es cosa del pasado, que el futuro son la imagen y el sonido y que jugar será la única forma aceptada para aprender?

Son ideas que creía poder de abarcar como ser tecnológico. Ahora que me reconozco como un mero inmigrante, dudo si seré capaz de hacerlo. Pensaré en ello, aunque no pueda hacer otra cosa al mismo tiempo. Gracias, Jordi.