Empecé a utilizar el MSN Messenger allá por el año 2001. Son sólo 5 años, pero parece una eternidad. Al principio me pareció divertido: era una nueva forma de comunicarse. Con el tiempo muchos amigos/as y familiares empezaron a utilizarlo, y se convirtió en una buena forma de estar acompañado, por ejemplo en largas tardes de trabajo con el ordenador. Al final, el Messenger pasó a ser para mí sencillamente una forma lamentable de perder el tiempo.

Intentaré explicar mi tesis al respecto, que surgió, entre otras cosas, a raíz de este post en Punto y Aparte. En él, Carlos Fenollosa comparaba el Messenger MSN7 con Gaim, un cliente de mensajería instantánea compatible con múltiples sistemas como el propio MSN, ICQ, Yahoo Messenger, Google Talk y muchos otros. Gaim es software libre, no lleva publicidad y funciona en Linux, Windows y Mac. En ese post se decía que mientras MSN7 muestra publicidad y todo tipo de tonterías, Gaim sirve para comunicarse, y punto.

Yo voy a hablar del Messenger de Microsoft, el MSN, porque es el que usa (casi) todo el mundo que conozco. El Messenger de MSN se abre automáticamente al iniciar Windows y te conecta inmediatamente. Incluso si te descuidas te lleva a la página de inicio de MSN. El Messenger de MSN tiene multitud de pestañas de publicidad, algunas de las cuales pueden instalar programas espías en el ordenador al pulsarlas. Todo un juguete para los niños y niñas, que, por cierto, son quienes más lo usan.

¿Y qué se ve en la pantalla del MSN Messenger? Pues resulta que cada vez que sacan nuevas versiones, éstas permiten mostrar un número creciente de estupideces. Letras que bailan, emoticonos animados, fondos, fotos, sonidos…

¿Y los textos? Quien haya visto a un niño escribir en el Messenger habrá descubierto que el lenguaje de los SMS se ha impuesto. Y lo peor de todo: “es que aquí se pueden poner faltas“, afirman cuando les criticas que te saluden poniendo “Ola”.

¿Como que aquí se pueden poner faltas? ¿Por qué razón? ¿Porque no te lo va a corregir la maestra? De acuerdo que el de los SMS es un lenguaje que tiene ya hasta certámenes literarios, pero aprender a escribir también es importante y la mejor forma de no conseguirlo nunca es limitarse sistemáticamente hacerlo mal, como ocurre en el Messenger.

Yo dejé de usar la mensajería instantánea porque me parecía una pérdida de tiempo. Estar conectado era no poder hacer otra cosa, porque permanentemente alguien te estaba interrumpiendo. Para charlar con las personas (o ligar) es mejor hacerlo cara a cara o por teléfono; para mandar un archivo o contar algo importante es más fiable el email; para desconectar en una tarde de trabajo es mejor escuchar música.

Pienso que entre el cretinismo decimonónico (aunque sea mentira) de los Happines y la canción “Opá, yo viacé un corrá” de Koala (que no tocan mal, por cierto) debería haber algún término medio de sentido común. Pero no tiene pinta la cosa de mejorar…

Hoy he leído este post en el que se alerta de que el email es un gran desconocido entre los chavales, quienes sólo usan el Messenger: “Estos chavales que se mueven perfectamente con la tecnología, prácticamente no sabían lo que era el email, aparte de ‘eso que te avisa el messenger que tienes’ y que la mayoría directamente ni mira”.

Resumiendo, los inventores del Messenger han dado con un elemento más de embrutecimiento para niños/as y adolescentes. Una herramienta para pasar el tiempo inútilmente y pensar poco. Un entretenimiento fácil, una forma de evitar la auténtica comunicación en favor de la tontería, el ligoteo ñoño o el insulto grosero. Y cuando te aburras pulsa en una pestaña que te saldrá un agresivo pop-up de publicidad. Cómo echo de menos cuando jugábamos a las canicas

Imágenes: logo de MSN Messenger; las otras dos tomadas de softonic.com.