Miro el calendario: 23 de enero. Vaya, hoy hace dos años ya de aquello.

Recuerdo que fue un viernes, sobre las doce de la mañana. Nuestra relación había durado ya muchos años. Demasiados. Llevábamos juntos desde que yo tenía 18, y lo nuestro se había convertido en una adicción. Decidí cortar, de una vez y para siempre.

Ya antes había intentado dejarlo, sin éxito. Su ausencia me resultaba insoportable, me creaba una angustia infinita. Al cabo de días, semanas o meses, siempre reconsideraba mi decisión. Volvíamos juntos.

Pero esta vez fue la definitiva. El 23 de enero de 2004. No diré que no echo de menos algunos momentos juntos: su compañía en las situaciones difíciles, en las noches divertidas, en los momentos más íntimos… Pero esencialmente nuestra ruptura supuso para mí una gran liberación. La dependencia es terrible.

Y he decir que, si yo fui capaz de hacerlo, cualquiera puede dejar de fumar. Porque mi adicción era de las grandes. Ahora miro hacia detrás y sonrío con orgullo: han pasado ya dos años.