Entradas de diciembre de 2005

TÍTULO ORIGINAL: The Constant Gardener
DIRECTOR: Fernando Meirelles
GUIÓN: Jeffrey Caine (Novela: John Le Carré)
INTÉRPRETES: Ralph Fiennes, Rachel Weisz

SINOPSIS: Justin Quayle (Fiennes) es un diplomático británico destinado en Kenya cuya mujer es asesinada junto a un hombre sospechoso de ser su amante, un activista defensor de los derechos humanos de la región. Quayle decide entonces investigar los asesinatos, y comienza a descubrir mucho más de lo que esperaba… (FILMAFFINITY)
He visto que catalogan a esta película como un thriller, que si de intriga o suspense… Es cierto que la trama es interesante y te mantiene intrigado y expectante. Pero lo realmente cautivador, para mí, fue recibir una vez más un bofetón de África.
Sin querer desvelar nada, digamos que la historia trata el tema de cómo las grandes multinacionales farmacéuticas utilizan a los más débiles para desarrollar sus negocios. Pero los virus y las bacterias no saben de razas ni continentes…
Creo que algún día voy a hablar sobre la gripe aviar, y sobre el SIDA, y la tuberculosis… Parece que en el primer mundo nos sentimos a salvo de pandemias; que eso son cosas de otros. ¿Pero se pueden cerrar las fronteras a un pájaro? ¿Se puede impedir saltar una valla a un virus? Por supuesto que no, y demostramos nuestra más imprudente inconsciencia al sentirnos a salvo, al pensar que podemos mantenernos al margen de la tragedia africana.
África muere de hambre, de epidemias, de guerras. África es nuestro basurero, nuestro laboratorio de pruebas, nuestro “debajo de la alfombra”. Pero… ¿hasta cuándo?
El guión es magnífico, los actores fantásticos, aunque algunos personajes poco creíbles. Pero a mí se me quedan en la retina las caras de esas personas de África.

Una vez más nos llega desde los Estados Unidos un motivo para sentirnos avergonzados de pertenecer a la especie humana. Stanley ‘Tookie’ Williams, un asesino rehabilitado, ha sido ejecutado en la prisión de San Quintín (California) mediante una inyección letal. Anoche, el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, le negó el perdón.

¿Quién era este hombre? Stanley Williams fue uno de los fundadores de la tristemente famosa banda callejera de los "Crips", y había sido condenado a muerte en 1981 por un total de cuatro asesinatos cometidos durante dos robos en 1979. Tras ingresar en prisión, Williams sufrió lo que él describía como una "transición redentora", renunciando a la vida de bandas y dedicándose a educar a los jóvenes sobre sus peligros. Desde entonces se convirtió en un símbolo de esperanza y determinación para la juventud desfavorecida, especialmente mediante la publicación de una serie de libros para niños en los que hablaba de los peligros de la vida en las bandas. Había sido candidato al Premio Nobel de la Paz por su trabajo todos los años desde 2001.

Sr. Williams, sólo quiero darle las gracias. Porque leí su libro cuando estaba en el reformatorio y realmente me hizo pensar en las elecciones que estaba haciendo; usted me ayudó a comprender que las bandas y la violencia no son el camino [...] Por eso sólo quiero darle las gracias. Es usted una inspiración para mí.

Se trata de uno de los múltiples mensajes de agradecimiento que Williams recibía de jóvenes que habían leído sus libros. Él siempre se declaró inocente de los crímenes por los que había sido condenado… Supongamos que fuese culpable: ¿por qué ahora, 24 años después de ser codenado, debe morir? ¿No está suficientemente reinsertado? ¿No es mejor para todos que esté viva una persona que difunde de forma tan eficaz la no violencia? ¿No hay remisión posible, no hay lugar para el arrepentimiento?

Quienes defienden la pena de muerte suelen argumentar que es "necesaria" para persuadir a futuros criminales. Esta muerte persuadirá a muchos, sin duda, pero no en contra sino a favor de cometer actos violentos. Porque dejar de hacerlo no sirve, al parecer. La Justicia, con actos como éste, demuestra ser vengativa, desproporcionada, cruel y, en definitiva, injusta. Y si la estancia en prisión tiene como fin, ya que no la reinserción, la protección de la sociedad frente a quienes pueden causarle daño, en este caso la sociedad se ha "protegido" de un gran aliado.

No queda más que preguntarse, como de costumbre, cómo es posible que los californiano eligieran gobernador a un macarra como Schwarzenegger. Porque, sí, Arnold es un cretino impresentable, pero fueron sus votantes quienes lo pusieron donde está. Decepcionante electorado, una vez más, el norteamericano…

Sólo espero que la obra de Stanley Williams quede en el recuerdo y siga ayudando a más jóvenes. Que sigan dándole premios, aunque sean póstumos, y que su mensaje se difunda eternamente. A mí, al menos, sí me ha llegado. Gracias por eso, Stanley.

 

Más información: aquí, aquí y aquí.

¿Te ha pasado alguna vez sentirte maltratado/a al intentar que te atienda telefónicamente una empresa de la que eres cliente? A mí me ha pasado (aunque no era yo el cliente, sino una amiga) esta tarde con TELE2. Y como se me ha quedado cara de tonto, no puedo dejar de denunciar lo sucedido, aunque sólo sea en este blog.

No voy a entrar en detalles de cuál era mi pregunta a TELE2; era una consulta sobre sus servicios de internet. Empiezo llamando al número gratuito 800760067. Espero unos minutos hasta que me atienden. Explico mi caso y la operadora me remite a un nuevo número, 902760876, que ya no es gratuito.

Llamo al nuevo número. Tras esperar unos minutos me atiende un muchacho. Le hago mi consulta: quiero saber si un determinado servicio está disponible. Se supone que estoy llamando a la sección adecuada, al sitio donde han de resolver mi problema. Tras unos instantes de duda el muchacho me remite a un nuevo número, donde me informarán de si lo que quiero está disponible. Al parecer, yo (mi amiga) soy cliente de esa otra sección…

El nuevo número es el 902760760, que tampoco es gratuito. Llamo y espero los minuto de rigor, esta vez algunos más que en los casos anteriores. Al final me atiende un señor, que, de mala gana, me informa de que lo que yo quiero sí es posible, pero los datos para poder hacerlo me los tienen que dar en el 902760876… ¡¡¡Pero si es de donde vengo y me han remitido a usted!!! Él lo siente pero no puede ayudarme. Le digo que este servicio es vergonzoso, le doy las buenas tardes y cuelgo.

Y llamo otra vez al número -no gratuito- 902760876. Espero unos minutos y me atiende un muchacho. Le explico el caso por enésima vez y me dice que tiene que consultarlo. Al cabo de unos minutos vuelve y me dice que lo que yo pretendo hacer no es posible. ¡Que no es posible! ¡Después de más de media hora de llamadas no gratuitas me dicen que me han estado mareando para nada!

Mi amiga se dará de baja en TELE2 en breve. Se trata de una empresa que te “vende” que vas a hacer todas tus llamadas gratis, pero sus propios números de información a sus clientes no lo son. Contrató sus servicios porque la convencieron telefónicamente de las enormes ventajas que tendría. Todo eran ventajas hasta que dio su número de cuenta. Desde entonces todo son demoras, excusas, retasos y dificultades. Téngalo en cuenta quien sienta la tentación de contratar algo con TELE2.

Actualización (8 de febrero de 2006): Mi amiga ya se dio de baja en TELE2. Lo cierto es que algunos de los comentarios que los lectores y lectoras han hecho a este artículo son testimonios sobre el mal funcionamiento de esta empresa que no tienen desperdicio. He de decir que no tengo nada personal contra TELE2; lo ocurrido a mi amiga pudo haber sido con cualquier otra empresa, pero fue con ésta. Y me parece importante que se hagan públicas denuncias como éstas. Tal vez sea la forma de que las empresas de telefonía empiecen a tratarnos mejor. Gracias a todos/as por vuestros comentarios.

Actualización (mayo de 2006). A raíz de nuevos comentarios y denuncias sobre comportamientos indeseables de TELE2, añado algunos enlaces a los que acudir para informarse al respecto:

 

GUIÓN Y DIRECCIÓN: Woody Allen

INTÉRPRETES: Scarlett Johansson, Jonathan Rhys Meyers, Emily Mortimer, Matthew Goode

SINOPSIS: Drama sobre el ascenso de un joven tenista a la élite de la sociedad y las consecuencias de su desmesurada ambición sobre él mismo y las personas que le rodean. (FILMAFFINITY)

Uno de los mejores regalitos por estas fechas suele ser la peli anual de Woody Allen. La última me había decepcionado un poco porque era una comedia sin Allen como protagonista y se le echaba de menos. Match point no es una comedia, y no se echa de menos a nadie porque es una auténtica obra maestra, la mejor de Woody Allen en muchos años, en mi opinión.

El guión es impecable; una historia fantásticamente estructurada que evoca a Pérez Galdós y a Dostoievski. Una historia brillantemente narrada, con momentos de suspense que recuerdan a Hitchcock. Y unos actores espectaculares.

Como fondo de todo esto las calles y el paisaje urbano de Londres. Y la música de ópera sonando permanentemente, para dar dramatismo a todas las escenas que lo requieren: Verdi, Bizet, Rossini

Por si todo esto fuera poco, la historia tiene también una contundente conclusión moral: la suerte es la conductora y dueña absoluta de nuestras vidas. Porque, como en un partido de tenis, es la suerte la que en último término determinará de qué lado de la red va a caer la bola en el punto de partido. Una maravillosa alegoría, introducida de forma magistral.

Hoy es un día de celebraciones. Celebro mi post número 100 en este blog, y, lo que es más importante, mi primer año en la blogosfera. Pues sí, hace ahora un añito empezaba a escribir en mi primer hormiguero… ahora me siento como si llevase haciéndolo toda la vida.
 
Gloria 
 
Pero de la celebración que quiero hablar es del 2º mes de vida que cumple hoy Gloria, la hija de mis amigos Juan e Inma. Y como regalo le he subido a lo más alto de la red un fragmento de la canción a la que debe su nombre, para que sus padres se la pongan de fondo. Se trata de una canción compuesta por Van Morrison, y que publicó hace ahora 40 años (¡40 años!) con su grupo de entonces, Them. Este es un fragmento de una versión que hizo Morrison junto al blues-man John Lee Hooker. Felicidades, Gloria.
 
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