El próximo 1 de enero entra en vigor en España una nueva ley que regulará la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco. Se trata de una ley que va a situar a nuestro país entre los que más limitan el consumo de esta droga en la Unión Europea.
 
 
 
A grandes rasgos digamos que pasa a estar prohibido fumar en todos los lugares públicos cerrados, incluídos los puestos de trabajo. En los locales tipo bar o restaurante de más de 100 metros cuadrados será imprescindible habilitar zonas aisladas específicas para fumadores. Y por supuesto, se prevén sanciones para quienes incumplan la nueva norma.
 
Creo que mi punto de vista al respecto no coincide exactamente con el de la mayoría de las personas, pero, teniendo en cuenta que he pasado unos 15 años de mi vida fumando como un carretero, me considero capacitado para exponer mis criterios con cierta autoridad moral.
 
Pienso que esta ley, que aparentemente intenta proteger los derechos de los no-fumadores, a quienes puede beneficiar muchísimo es a los fumadores y fumadoras. El tabaco (y sus añadidos en los cigarrillos) es una droga terrible, que produce una adicción física incuestionable. Pero lo peor del tabaquismo, lo que lo hace más grave para quien lo padece, es lo socializado que está. Nadie se bebe una cerveza mientras trabaja en su oficina, pero sí se fuma en ella, por ejemplo. Todas, absolutamente todas las actividades de un fumador pueden llegar a estar asociadas a un cigarrillo. Y eso hace que cuando quieres dejarlo lo eches de menos permanentemente.
 
Siempre he pensado que si el tabaco desapareciese de la faz de la Tierra nos olvidaríamos de él (fumadores incluídos) en un mes o dos. Lo malo es que no es así, sino todo lo contrario. El tabaco está por todas partes. O estaba. Porque seguro que la imposibilidad de fumar en muchos lugares ayudará a fumadores y fumadoras a desligar su consumo con otras actividades, y a fumar menos.

 
Sólo una cosa más: parto de la base de que quien es fumador desea dejar de serlo. No creo que sea fácil encontar a alguien a quien no le ocurra así. Casi todos los fumadores están deseando fumar menos (o nada) y quienes no lo reconocen así es por temor a enfrentarse a ello. Lo dice alguien que fumaba unos 30 ó 40 cigarrillos diarios y a quien nada le gustaba más en la vida que una buena calada. Y sigo siendo fumador, porque lo seré toda mi vida, esto es una enfermedad crónica. Pero llevo 23 meses sin fumar.
 
Imágenes tomadas de Wikipedia y Claudecf.