TÍTULO ORIGINAL: The Constant Gardener
DIRECTOR: Fernando Meirelles
GUIÓN: Jeffrey Caine (Novela: John Le Carré)
INTÉRPRETES: Ralph Fiennes, Rachel Weisz

SINOPSIS: Justin Quayle (Fiennes) es un diplomático británico destinado en Kenya cuya mujer es asesinada junto a un hombre sospechoso de ser su amante, un activista defensor de los derechos humanos de la región. Quayle decide entonces investigar los asesinatos, y comienza a descubrir mucho más de lo que esperaba… (FILMAFFINITY)
He visto que catalogan a esta película como un thriller, que si de intriga o suspense… Es cierto que la trama es interesante y te mantiene intrigado y expectante. Pero lo realmente cautivador, para mí, fue recibir una vez más un bofetón de África.
Sin querer desvelar nada, digamos que la historia trata el tema de cómo las grandes multinacionales farmacéuticas utilizan a los más débiles para desarrollar sus negocios. Pero los virus y las bacterias no saben de razas ni continentes…
Creo que algún día voy a hablar sobre la gripe aviar, y sobre el SIDA, y la tuberculosis… Parece que en el primer mundo nos sentimos a salvo de pandemias; que eso son cosas de otros. ¿Pero se pueden cerrar las fronteras a un pájaro? ¿Se puede impedir saltar una valla a un virus? Por supuesto que no, y demostramos nuestra más imprudente inconsciencia al sentirnos a salvo, al pensar que podemos mantenernos al margen de la tragedia africana.
África muere de hambre, de epidemias, de guerras. África es nuestro basurero, nuestro laboratorio de pruebas, nuestro “debajo de la alfombra”. Pero… ¿hasta cuándo?
El guión es magnífico, los actores fantásticos, aunque algunos personajes poco creíbles. Pero a mí se me quedan en la retina las caras de esas personas de África.
Be Sociable, Share!