Una vez más nos llega desde los Estados Unidos un motivo para sentirnos avergonzados de pertenecer a la especie humana. Stanley ‘Tookie’ Williams, un asesino rehabilitado, ha sido ejecutado en la prisión de San Quintín (California) mediante una inyección letal. Anoche, el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, le negó el perdón.

¿Quién era este hombre? Stanley Williams fue uno de los fundadores de la tristemente famosa banda callejera de los "Crips", y había sido condenado a muerte en 1981 por un total de cuatro asesinatos cometidos durante dos robos en 1979. Tras ingresar en prisión, Williams sufrió lo que él describía como una "transición redentora", renunciando a la vida de bandas y dedicándose a educar a los jóvenes sobre sus peligros. Desde entonces se convirtió en un símbolo de esperanza y determinación para la juventud desfavorecida, especialmente mediante la publicación de una serie de libros para niños en los que hablaba de los peligros de la vida en las bandas. Había sido candidato al Premio Nobel de la Paz por su trabajo todos los años desde 2001.

Sr. Williams, sólo quiero darle las gracias. Porque leí su libro cuando estaba en el reformatorio y realmente me hizo pensar en las elecciones que estaba haciendo; usted me ayudó a comprender que las bandas y la violencia no son el camino [...] Por eso sólo quiero darle las gracias. Es usted una inspiración para mí.

Se trata de uno de los múltiples mensajes de agradecimiento que Williams recibía de jóvenes que habían leído sus libros. Él siempre se declaró inocente de los crímenes por los que había sido condenado… Supongamos que fuese culpable: ¿por qué ahora, 24 años después de ser codenado, debe morir? ¿No está suficientemente reinsertado? ¿No es mejor para todos que esté viva una persona que difunde de forma tan eficaz la no violencia? ¿No hay remisión posible, no hay lugar para el arrepentimiento?

Quienes defienden la pena de muerte suelen argumentar que es "necesaria" para persuadir a futuros criminales. Esta muerte persuadirá a muchos, sin duda, pero no en contra sino a favor de cometer actos violentos. Porque dejar de hacerlo no sirve, al parecer. La Justicia, con actos como éste, demuestra ser vengativa, desproporcionada, cruel y, en definitiva, injusta. Y si la estancia en prisión tiene como fin, ya que no la reinserción, la protección de la sociedad frente a quienes pueden causarle daño, en este caso la sociedad se ha "protegido" de un gran aliado.

No queda más que preguntarse, como de costumbre, cómo es posible que los californiano eligieran gobernador a un macarra como Schwarzenegger. Porque, sí, Arnold es un cretino impresentable, pero fueron sus votantes quienes lo pusieron donde está. Decepcionante electorado, una vez más, el norteamericano…

Sólo espero que la obra de Stanley Williams quede en el recuerdo y siga ayudando a más jóvenes. Que sigan dándole premios, aunque sean póstumos, y que su mensaje se difunda eternamente. A mí, al menos, sí me ha llegado. Gracias por eso, Stanley.

 

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