Cada día leemos y escuchamos sobre los disturbios que se producen desde hace más de una semana en la periferia de París, y ya también en otras ciudades de Francia. Ocurre por la noche; grupos incontrolados de jóvenes destrozan y queman todo lo que encuentran a su paso, especialmente coches. Estos grupos tienen un denominador común: son personas de origen magrebí que viven en condiciones miserables.
Arde París
Los sucesos tienen su origen el pasado día 27 de octubre, cuando dos muchachos (de 15 y 17 años) murieron electrocutados al ocultarse en una central de alta tensión mientras huían de la policía. El gobierno, en especial el ministro del Interior Nicolas Sarkozy, no deja de hablar de mano dura contra los culpables y de prometer penas de cárcel para ellos (¿pero eso no era cosa de los jueces?). Lo cierto es que cada noche es peor. Cada noche hay más coches quemados, más ciudades involucradas y más detenidos por los antidisturbios.
Se me ocurren varias reflexiones al respecto. Se habla de mafias que dirigen a estos jóvenes, e incluso de que esté detrás el terrorismo islamista (aunque las detenciones no parecen confirmarlo). No hace falta tanto para sacar a los chavales a quemar coches en la calle. La adolescencia es una época generosa en esfuerzos anti-sistema. Es muy fácil calentarle la sangre a un adolescente; si tiene un sencillo adiestramiento previo, basta con que vea actuar a la policía. En España tenemos el ejemplo de la kale borroka: no es por ser muy abertzales por lo que tiran piedras a los maderos, suelen entrarles ganas sólo con verlos venir.
Ocurre que estos jóvenes franceses tienen, además, muy poco que perder. Pertenecen ya a la tercera generación; son tan franceses como el que más… pero no viven como los franceses blancos. Nadie les niega el derecho a consumir, a votar o a tener el pasaporte francés. Pero no tienen trabajo, y no es necesariamente por falta de empeño o de preparación. Copio de elpais.es: “Entre los franceses con un título universitario, el desempleo es de un 5%, pero entre los titulados de origen magrebí es de un 25,6%, según datos oficiales“.
Detenciones en Francia
¿Qué se puede hacer, entonces? La policía acabará reprimiendo estas oleadas vandálicas. La mayoría pacífica y bienintencionada impondrá su ley. La calma relativa volverá y las compañías de seguros repondrán los daños causados por los incendios. Pero el problema seguirá y volverá a aparecer. Y no sólo en Francia; a España nos va a llegar también. No se puede esconder la marginalidad debajo de la alfombra de los suburbios urbanos. No se puede negar el racismo o combatrilo sólo con leyes; hay que hacer que esas leyes se cumplan y castigar a quienes no lo hagan.
No sé cuál es la solución para el problema. Sólo espero que el gobierno francés tenga alguna idea aparte de mandar a la policía. Porque hasta el momento la policía, lejos de ser la solución, está siendo una parte importante del problema.
Más información: elpais.es, elmundo.es, 20minutos.es
Imágenes tomadas de elmundo.es.