Me cuesta cada mañana acostumbrarme a la ausencia de Iñaki Gabilondo. Durante años este hombre me ha despertado, me ha dado los buenos días, me ha acompañado mientras me levantaba para ir a trabajar e incluso se ha montado conmigo en el coche y ha venido hablándome hasta el instituto. Como una madre, vamos.

Desde su programa de radio "Hoy por hoy" en la Cadena Ser Iñaki me explicaba la actualidad a diario, me cantaba el premio gordo cuando yo volvía a casa por Navidad, o me proponía actividades para el fin de semana los viernes de mi destierro cordobés. Incluso recuerdo perfectamente una mañana en la que su saludo a las 8 en punto fue diferente de lo habitual; era un jueves, 11 de marzo de 2004.

Ahora Iñaki ha dejado el programa de la Ser y, aunque sigo escuchando la radio cada mañana, echo de menos sus palabras, su voz amiga. Muchos elogian su trabajo, su profesionalidad, su imparcialidad, su capacidad de comunicar, sus éxitos de audiencia. A mí realmente lo que me daba este tipo era compañía en los momentos más duros del día. Por tantas mañanas… gracias, Iñaki.

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Imagen tomada de protestantedigital.com