Soy una buena persona: sano, feliz y enamorado. Deseo ejercer mi derecho al matrimonio civil, adoptar a un niño o niña a quien daré una existencia llena de cariño, formar una familia con mis seres más queridos.

Los políticos del Partido Popular y los obispos de la Iglesia Católica me dicen que no tengo derecho al matrimonio, que mi hijo crecería con grandes carencias, que mi actitud pone en peligro a la familia.

Si yo quisiera despreciar a un político le diría: “Cuando haces política pones en peligro la política“.

Si yo quisiera insultar a un obispo le diría: “Contigo, los feligreses padecen graves carencias“.

Yo me limito a lamentar su actitud y a pasar de ellos. Les queda poco recorrido si siguen actuando de espaldas a la realidad social.


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