Entradas de Junio de 2005

Casi al mismo tiempo me llegan dos magníficas ocasiones de acordarme de mi ciudad natal: Zaragoza (España). La primera de ellas es evidente; ahora que Google Maps ha ampliado su campo de acción está de moda poner una foto de tu casa vista desde arriba. Pero ni mi casa actual ni la de mi infancia (en Jaca) están todavía disponibles. Así que he optado por mi época zaragozana. Viví dos años en el lugar indicado (Calle Santander), muy cerquita de la antigua estación de El Portillo:

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La segunda referencia a Zaragoza es mucho más divertida. Se trata de una historieta de Cuttlas, el inefable personaje de Calpurnio, que vi en La Fragua, tomada de 20minutos. Prohibido no leerla:

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Somos todos de Zaragoza. Maño, qué cosica más maja.

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No es por vacilar, que lo ha escrito Bart Simpson. Si queréis que escriba (casi) cien veces vuestra frase favorita, seguid este enlace. (Visto en LinkLog).

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TÍTULO ORIGINAL: Eat Drink Man Woman
PAÍS: Taiwán
DIRECTOR: Ang Lee

SINOPSIS: Agridulce comedia de éxito mundial que relata la historia de Chu, un viejo chef de Taipei, viudo y con tres hijas: Jen, Chien y Ning. Cada una de ellas ve la vida bajo un prisma distinto si bien todas ellas tiene una faceta común en su carácter: la rebeldía. (FILMAFFINITY)

Me recomendó la película Juan, un día que hablábamos de películas que reflejan las costumbres de un lugar. Lo cierto es que esta historia podría perfectamente ocurrir en Occidente. Una prueba más de la Aldea Global. Una de las hijas de Chu es una ejecutiva con un futuro prometedor en una multinacional, otra es profesora de química y cristiana, y la tercera trabaja en un restaurante de comida rápida. Podría ser el argumento para una película norteamericana…

Pero hay un componente que rompe con esa universalidad, y que, además, es para mí el auténtico protagonista de la película: la comida. Ver cocinar al viejo Chu, aparte de ser un auténtico espectáculo y hacer que se te haga la boca agua, te devuelve a Taiwán, al lugar en el que ocurre todo aunque no lo parezca. En una sociedad moderna y adaptada a las costumbres occidentales, la cocina tradicional es lo único autóctono que se conserva, y que -tal vez- pasará de generación en generación. Aparte de eso, la historia es tierna y divertida.

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Me apetecía contar el paseo de ayer. Porque ya están aquí el verano y las vacaciones. En el mismo día que los gallegos jubilaban a su abuelito y los gays celebraban su orgullo, Juan, Carlos, Andrés y yo salimos a pasear en bicicleta, y me llevé la cámara para hacer algunas fotos.

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Tenemos la suerte de vivir junto a un paraje paradisíaco, las Marismas del Odiel. Eso permite pedalear entre pinos, jara y marismas, junto a flamencos, gaviotas y cigüeñas, y, en menos de una hora de camino, llegar al mar. Todo un lujo. Y cuando quiten las fábricas, al otro lado de la ría, todavía mejor. 

Este hormiguero declara la guerra (sólo dialéctica, por supuesto) a la Conferencia Episcopal Española (CEE). No es una guerra al catolicismo (aunque yo sea ateo), ni siquiera a la Iglesia Católica (en la que hay de todo, aunque estén empezando ya a beatificar a Wojtila). No, es algo más concreto. Es una guerra contra lo que sus propios integrantes denominan "una institución permanente integrada por los Obispos de España, en comunión con el Romano Pontífice, para el ejercicio conjunto de algunas funciones pastorales del Episcopado Español".

El pasado día 18 de junio hubo una manifestación en Madrid en contra de la legalización del matrimonio entre homosexuales. A dicha manifestación se sumó oficialmente la CEE y acudieron importantes miembros del obispado español. De hecho, parece que les gustó lo de ir de manifas y anunciaron a los pocos días que eso había sido "sólo el comienzo".

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Siete días despúes, el pasado día 25, diversas ONGs, sindicatos y asociaciones convocaron manifestaciones en varias ciudades españolas (40 en total) exigiendo un mayor combate mundial contra la pobreza. Asistieron algunos miembros de la Iglesia, pero la CEE no se sumó a las manifestaciones. Pusieron como excusa que la Iglesia combate la pobreza de otras formas.

Es cierto que, efectivamente, la calle no solía ser el lugar de manifestación elegido por los obispos, pero ahora que se han lanzado… ¿resulta que la calle es buena para pedir que no puedan casarse los gays pero no que se acabe con la pobreza en el mundo? ¿Es esa la doctrina que predicó Jesucristo? ¿Perseguir a los homosexuales y olvidar a los pobres? Yo diría que no, pero en Israel sí había una palabra para quienes predicaban lo contrario de lo que practicaban; eran los fariseos.

Imagen tomada de 20minutos.es.

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