Esta entrada es una recomendación para aquellas personas que, como yo, no tienen escrúpulos y roban sin piedad a las productoras y distribuidoras de cine y televisión descargando de la red contenidos con copyright.

www.mejorenvo.com es el típico portal de enlaces a torrents, eLinks y descargas directas de películas y series de TV. La diferencia con otros sitios es que en mejorenvo.com todo está disponible en versión original, y puedes descargarte, si quieres, los subtítulos.

Tal vez pronto este sitio deje de existir porque decidan que es ilegal. Encontraré otro. Espero que entretanto quienes pierden tantísimo dinero nos ofrezcan una forma alternativa de acceder a sus producciones. El problema no es el dinero, sino la accesibilidad. Me encanta ir al cine, pero no puedo hacerlo todos los días y además estoy resfriado y no me conviene salir a la calle.

Aprovecho esta tarde de viernes, en la que me encuentro postrado en la cama por un resfriado, para publicar una lista en este hormiguero. Se sabe que un post que se titule “top 10 of…” o “los 10 mejores…” siempre va a atraer lectores/as. Además tienen que ser 10 (ó 50). ¿Quién haría una lista con 11 ó 9 cosas? Nada de eso.

En mi tierra decimos que algo “me da rabia” para indicar que “me moleta”. Aquí, en Andalucía, se dice “me da coraje”, y de eso trata esta lista. Son pequeñas cosas molestosas, que preferiría evitar. La lista no sigue un orden, sino que las anoté al azar, según se me iban ocurriendo.

  1. Cortarme las uñas de los pies. Es un latazo. Siempre tienes la sensación de que lo hiciste hace poco, pero ¡cómo crecen las condenadas! Te obligan a adoptar una postura imposible, y son nada menos que 10. Horrible.
  2. Quitarle el plástico a un CD. Sí, los hay que traen una cosita para tirar, como los paquetes de tabaco. Pero la mayoría no. Y llevan un plástico super-resistente, que no se rompe ni a mordiscos. Al final se te cae al suelo y re rompe la caja. No puedo con él.
  3. Cambiar la funda del edredón. Son demasiado grandes. Las esquinas nunca llegan hasta el final. A veces he intentado incluso meterme dentro de la funda con el edredón. Al final me queda todo hecho un gurruño.
  4. Que me felicite alguien el año nuevo el 7 de febrero sólo porque no me ve desde noviembre. ¿Qué día se da por finalizada la temporada de felicitaciones por el año nuevo? Para algunos dura demasiado.
  5. Cuando en los discos en directo el cantante se calla para que cante el público. ¿Por qué hace eso, si sabe que le están grabando para un disco? ¿Se creerá que nos compramos el CD para escuchar a la gente desafinar?
  6. Las personas que dan dos besos sin darlos. Es decir, hacen un movimiento oscilante de cabeza y te chocan a ambos lados de la cara. ¿Tanto cuesta dar un beso, o dos? Y si les parece un ritual absurdo y no quieren dar besos, pues que no hagan nada.
  7. Los tíos que dan la mano fofa. Es parecido a lo anterior, y me pone de los nervios. Si al gesto lo llamamos “apretón de manos”, será porque hay que apretar un poco, ¿no? Y no dejar esa mano ahí suelta, que uno la coge y no sabe qué hacer con ella.
  8. Que la gente que pone la música a toda caña en el coche nunca lleve música buena. Siempre ponen bacalao o reguetón. Nunca he oído que ensordezcan al vecindario con Van Morrison, Miles Davis o Mozart. Ya que te invaden los oídos podían animarte la tarde, al menos.
  9. Levantarme de la cama para coger el teléfono y que deje de sonar justo cuando descuelgo. Podría haberme quedado en la cama tan feliz. O podría haber respondido a una llamada de alguien querido. Pero no; ni lo uno ni lo otro. Otra variante terrible es que llegues a tiempo pero la llamada sea para venderte un nuevo seguro del hogar.
  10. El carrito de la limpiadora en unos servicios públicos. Esto ocurre mucho en aeropuertos, centros comerciales, etc. Buscas con urgencia los servicios, los encuentras por fin aliviado y cuando llegas… ¡ahí está! El carrito de la limpiadora (o el limpiador) cerrándote el paso. Y siempre en el de los tíos.

Podría poner más, pero 10 es un número muy humano. Ya vale. ¿Alguien aporta más pequeñas cosas molestosas?

La primera es un buen recuerdo de la adolescencia. La necesito de vez en cuando para relajarme:

La segunda me viene a la mente cada vez que sale el sol después de una tormenta. Desde hace años…

La tercera me recuerda a muchos lugares en los que la oí. ¡Cómo sobrevivir sin ella!

Tengo muchas más razones, pero con estas 3 es suficiente. Dicen en la sección de FAQs de Spotify que “lamentablemente, algunos artistas han preferido no unirse aún a Spotify, algunos artistas solicitados con frecuencia que no están incluidos en Spotify son Metallica, The Beatles, Pink Floyd, AC/DC, Led Zeppelin, etc.”

Cuando Spotify convenza a esos artistas para que se unan me convencerá a mí de pagar 10 € al mes. Mientras tanto seguiré escuchando sus anuncios con alguna canción de vez en cuando, y usando otros sitios muy interesantes como Deezer (del que ya hablé en este hormiguero) Goear o Grooveshark.

PAÍS: EE. UU.
DIRECCIÓN Y GUIÓN: James Cameron
INTÉRPRETES: Sam Worthington, Zoe Saldana, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Michelle Rodriguez

SINOPSIS: Año 2154. Jake Sully es un ex-marine confinado en una silla de ruedas que, a pesar de su cuerpo tullido, todavía es un guerrero de corazón. Jake ha sido reclutado para viajar a Pandora, donde las corporaciones están extrayendo un mineral extraño que es la clave para resolver los problemas de la crisis energética de la Tierra. Al ser tóxica la atmósfera de Pandora, ellos han creado el programa Avatar, en el cual los humanos “conductores” tienen sus conciencias unidas a un avatar, un cuerpo biológico controlado de forma remota que puede sobrevivir en el aire letal. Estos cuerpos están creados genéticamente de ADN humano, mezclado con ADN de los nativos de Pandora, los Na’vi. Ya en su forma avatar, Jake puede caminar otra vez. Ha recibido la misión de infiltrarse entre los Na’vi, los cuales se han convertido en el mayor obstáculo para la extracción del mineral. (FILMAFFINITY)

Hace tiempo que no comento películas que haya visto, por pereza más que nada, pero Avatar es algo más que una simple película. Hablar de Avatar es hablar casi de un fenómeno sociológico, y de eso me da menos pereza opinar.

Fuimos a verla a unos multicines el domingo a las 4 de la tarde. Para la versión en 3D había dos salas, pero no quedaban entradas hasta las 22:30. Sacamos dos de esas y volvimos por la noche. Para la sesión en 2D de las 16:30 había más de 300 butacas libres. Nadie quería entrar a verla, y eso que era 2,50€ más barata (o menos cara, más bien).

Conclusiones:

  1. Que las productoras y distribuidoras de cine dejen de llorar. La gente va al cine y se deja mucha pasta. Y las cifras así lo indican.
  2. Está claro que el filón para que la gente acuda más a los cines está en darle un valor añadido a la proyección en salas comerciales. Esto es lo que consigue el 3D. Pagamos la entrada más cara y nos ponemos las gafas tan contentos. Nadie quiere ver la otra versión; para eso te la bajas de la red.
  3. Avatar es una película de efectos especiales, en la que el guión es bastante secundario. Eso anima a verla más de una vez. Te da igual saber ya cómo acaba porque eso es lo de menos (pasaba lo mismo con Titanic). Estoy seguro de que mucha de la gente que había en el cine había visto ya la peli. Es otra razón de sus éxitos de taquilla.

Sobre la película en sí… ya me entra la pereza. Es un continuo déjà vu. No hay una sola escena que no tengas la sensación de haber visto ya antes en otras películas: del Oeste, de Tarzán, Parque Jurásico, Harry Potter, Pocahontas… Todo en la historia es previsible. Sabes lo que va a pasar, lo que no evita que estés deseando que pase para verlo. A James Cameron ya le acusaron de hacer un guión pobre y memo para Titanic. Yo creo que no es que no sepa hacerlo mejor; lo hace “mal” queriendo. Una historia simplona y sencillota te garantiza que hasta los niños se van a enterar de todo lo que está pasando. No tienes que preocuparte de seguir el hilo y te centras en lo “importante”: disfrutar de las imágenes. Es una solución supercomercial que da resultado. Los cinéfilos irán a verla de todas formas; para atraer a los demás es necesario un guión lineal y facilón.

Es la película más espectacular que he visto, de eso no tengo duda. Refleja años de investigación y trabajo puestos al servicio de la recreación de artilugios, paisajes y seres irreales, que seguramente marcará un antes y un después. Te presenta un mundo imaginario, lleno de belleza y fantasía, para que te integres en él y lo disfrutes en tres dimensiones. El mundo de los humanos del año 2154 es Ciencia Ficción relativamente creíble. El de los bichos y plantas del planeta Pandora es Fantasía en estado puro. Tanto uno como otro son especiales, nunca vistos. Se cuida hasta el mínimo detalle en la recreación de los escenarios. Son un derroche de belleza e imaginación. Los actores son mucho menos importantes, a veces pasan desapercibidos.

Hay algunos elementos bastante inéditos. En el planeta Pandora los humanos son los alienígenas, los colonizadores, los malos, en definitiva. Utilizan las armas y se mueven por la codicia. Los nativos del planeta, los Na’vi, son ingenuos y primitivos, pero poseen el poder de la sabiduría ancestral y la armonía con la Naturaleza. Hay en la película una moraleja ecologista y antibelicista muy políticamente correcta, que la convierte, más si cabe, en un bonito (y ñoño) cuento para todos los públicos.

¿Recomiendo ir a verla? ¿Pero alguien no la ha visto todavía? Sí, lo recomiendo, con gafas de 3D y palomitas. Para cuatro cochinos días que vamos a vivir no es justo perderse algo tan espectacular, semejante obra maestra de la imaginación y la tecnología humanas.

Los seres humanos somos tremendamente egocéntricos. Pensamos que todo gira en torno a nuestras acciones. Escribimos la Historia basándonos en reyes, gobiernos, batallas, descubrimientos… Consideramos nuestros actos como causa y fin de todas las cosas importantes. En realidad no somos tan poderosos. Ni siquiera cargarnos el clima del Planeta nos está resultando sencillo (y eso que estamos demostrando mucha mayor eficacia para cambiar el clima que para ponernos de acuerdo en dejar de hacerlo).

El pasado día 12 de enero la Naturaleza hizo de las suyas en Haití. Y actuó de la única forma que “sabe” hacerlo: la más azarosa y caótica. Así vino a demostrarnos, una vez más, nuestra visceral soberbia, y lo pequeños que somos frente a ella. Recuerdo haber pensado esto mismo en la mañana el mediodía del 1 de enero de 2000, cuando subí la persiana y vi que el sol seguía allá arriba, el cielo y el mar azules y los pájaros volando y cantando como siempre. Hacía un bonito día en Punta Umbría y a la Naturaleza, por supuesto, le había importado una mierda nuestro cacareado efecto 2000.

No somos nada.

Puerto Príncipe, la capital de Haití, era una ciudad de unos 900000 habitantes. Desde hace 5 días es otra cosa. Un alto porcentaje (¿70?, ¿90?) de sus endebles edificios ha dejado de existir. Ya no hay manzanas ni calles. Ahora hay escombros y cadáveres. Quienes han quedado con vida no tienen un techo bajo el que cobijarse. La ONU ha declarado que es la peor catástrofe a la que se ha enfrentado desde el punto de vista de la asistencia humanitaria.

La Naturaleza ha actuado; ahora es el turno de las personas.

Haití es el país con menor renta per cápita de América. El 70% de su población vive en la pobreza. El 95 % de los haitianos son de ascendencia africana; es un trozo de África traído al Caribe. La causa principal del empobrecimiento del territorio es la explotación forestal excesiva, que ha producido que el suelo sea estéril. Y nada de esto es culpa de la Naturaleza.

Es el turno de las personas: www.ayudahaiti.es

Imágenes tomadas de Wikimedia Commons, con licencia C.C.

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