Viernes, 12 Diciembre 2008
La expresión “cloud computing” o “computing on the cloud” significa literalmente computación en la nube, y es una bonita metáfora que hace referencia a la idea de basar las aplicaciones informáticas en servicios alojados de forma externa, en la web. Nuestros datos están en las nubes, no porque estén despistados (que lo mismo también); es porque no residen en nuestro ordenador local, sino en una máquina remota a la que accedemos vÃa internet.

AsÃ, quienes usamos un servicio de webmail tenemos nuestros correos electrónicos, por ejemplo, en los servidores de Gmail. Pero la cantidad de servicios de este tipo es inmensa: edito y guardo mis documentos en Google Docs, anoto y consulto mis citas en Google Calendar, mis direcciones web en delicious, mis listas en Zenbe, mis tareas en Toodledo, mis fotos en Flickr y mis notas en Evernote (por cierto, algún dÃa tengo que hablar en detalle de este magnÃfico invento). Son sólo algunos ejemplos cotidianos.
Las ventajas de actuar de este modo son evidentes en un mundo en el que estamos permanentemente online. Utilizo una gran variedad de máquinas, de todo tipo y tamaño y funcionando con distintos softwares, para acceder a mis datos. La única condición es que todos mis aparatos accedan a la red, se conecten a la nube.
Pero aún hay más: tenemos la creciente sensación de que esa nube es el lugar más seguro para nuestros datos importantes, de que tenerlos allà es una garantÃa de no perderlos, de que nadie nos los quite y de que estén siempre a nuestra disposición. Incluso llamamos “hacer backup”, al hecho de sincronizarnos con ella. Allà no hay que buscarlos ni recordar su ubicación; la nube sólo nos pide un nombre y una contraseña, y ahà los tenemos.

La gente se va de vacaciones a las chimbambas y se autoenvÃa los pasaportes escaneados a su cuenta de Gmail por si los pierde en el viaje. Asà tus datos personales residen en una máquina remota de la que sólo sabes dos cosas:
- Sus dueños te han hecho comprometerte a no pedir explicaciones pase lo que pase con tu información.
- Nunca pasa nada malo.
Las aplicaciones de escritorio son incómodas y aburridas. Cedemos alegremente nuestros contenidos más sensibles a empresas que facilitan sus servicios de forma gratuita y exenta de garantÃas. Colgamos en la nube de algodón nuestra intimidad o el fruto de nuestro trabajo. Confiamos en los servicios de Google a pesar de que todos ellos se apelliden BETA, o pagamos nuestra cuota anual de Flickr dejando miles de fotos a expensas del mejor postor que cualquier dÃa va a quedarse con Yahoo.
No hay nada tan cómodo como estar en la nube, y sin duda el futuro de la informática se presenta nuboso. Veremos qué pasa.
Más info sobre computación en la nube en el caparazón, npr (en inglés), islamicaweb (inglés). Imágenes tomadas de bitcurrent y El Ojo en la Red.
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