Suponiendo que sea verdad el dicho de que una imagen vale más que mil palabras, aquí está contado con auténtica verborrea mi viaje a París con Meli de hace unas semanas:


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Las podéis ver con más detalle en Flickr.

Me he traído a Tibu a casa y le he hecho un hueco en mi estontería (el estante de las tonterías). Está feliz, con el llavero de Ronaldinho, el Coyote, el helicóptero solar, la bruja y un montón de piedras y pequeños objetos traídos de aquí y allá.

Después de vaciarlo de helado de vainilla, Tibu se puso desodorante debajo de las aletas para ir un par de días a la Expo de Zaragoza. Se fijaba mucho en todo y estaba muy contento, excepto una vez, cuando se cayó al agua en el Pabellón de España. Nunca supimos de qué rellenarlo hasta que terminó llevando en su barriga un montón de pequeñas pajaritas de papel.

Antes de que muera definitivamente este verano, y mi mente analítica y reflexiva empiece a sugerirme sesudos posts sobre lo bueno y lo malo del mundo real, quería escribir sobre Tibu y dedicarles esta entrada a sus amigos, David y Leire.

Estuve hace dos día con mis padres en la Expo 2008 de Zaragoza. Tengo un pase de tres días hasta el 31 de agosto, así que volveré (espero) un par de veces y contaré mis impresiones en este hormiguero. Pero de momento escribo esta entrada para publicar algunas fotos que hice y hablar de la ciudad, más que de la Expo.

Tengo un especial cariño a Zaragoza, no por ser la ciudad en que nací (que también) sino por los casi siete años que viví en ella mientras estudiaba la carrera y los dos cursos siguientes. Fueron años magníficos, de grandes emociones, mucha diversión y dedicados a aprender montones de cosas.

Me cuentan mis hermanas, Paula y Ariana, que viven actualmente en Zaragoza, que la ciudad ha mejorado mucho en algunos aspectos con la Expo 2008. Han creado bonitos paseos en ambas orillas del río Ebro y en los alrededores del recinto expositivo, con jardines, carriles bici, etc. También hay una moderna pasarela para peatones, que acerca a la Expo a quienes llegan caminando a ella desde la orilla sur. Y dos puentes más: el Puente del Tercer Milenio (casi idéntico al Puente de la Barqueta de Sevilla, construido para la Expo 92), y el Pabellón Puente, que forma parte de la Expo.

Pero, aparte de las mejoras que suponga la Expo para la ciudad, me gustó la sensación, casi de orgullo, de ver a Zaragoza convertida en anfitriona de un evento que congrega a tantas personas llegadas de tantos lugares del planeta. Había en la Expo un ambiente alegre, casi festivo, en el que sobre otros idiomas y hablas predominaba el divertido acento maño de mis paisanos.

Y me gustó, además, especialmente que desde la exposición de Zaragoza se difundan al Mundo mensajes tan pertinentes como el de la necesidad de un desarrollo sostenible, de un uso racional de los recursos, en particular del agua, o el de los peligros de la contaminación ambiental y el cambio climático. Temas que hasta hace no demasiado eran casi exclusivos de los anuncios (tachados de apocalípticos) de algunos científicos o de los movimientos antiglobalización, se divulgan ahora masivamente en esta Exposición convirtiéndose en mensajes universales y “para todos los públicos”.

Mientras viví en Zaragoza pasé pocas veces junto al río, no lo frecuentaba. Ahora El Agua es el tema de la Expo, y ésta servirá, sin duda, para acercar a los ciudadanos/as al Ebro. Como en todas las demás ciudades que se asoman a un río. Qué buena idea.

patriota
(Del gr. πατριώτης, compatriota).
1. com. Persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien.

(del diccionario de la R.A.E.)

Escribo esta entrada pocas horas antes de que el ciclista Carlos Sastre se proclame vencedor del Tour de Francia 2008, después de una exhibición fantástica subiendo a Alpe d’Huez y de una gran contrarreloj final. Todos los telediarios elogian su hazaña y rememoran otras grandes actuaciones de deportistas españoles en los últimos tiempos: los Tours de Pereiro y Contador, el Mundial de baloncesto, el Giro de Contador, los triunfos de Nadal en Roland Garros y Wimbledon, la Eurocopa de fútbol, etc.

Suelen ser ocasiones en las que los españoles/as nos sentimos identificados/as con los deportistas, y hacemos un poco nuestros sus triunfos. Abrazamos nuestra vilipendiada bandera y nos sentimos patriotas por un día. Pero, ¿y ellos? ¿Son patriotas nuestros deportistas?

Un caso paradigmático, que recuerdo con especial intensidad, es el de Arantxa Sánchez Vicario. La tenista barcelonesa solía jugar luciendo una muñequera con la bandera española. Llevó nuestra bandera y nuestro orgullo de pista en pista, y llegó a ganar cuatro Grand Slam y casi 17 millones de dólares (según figura en la Wikipedia). También recibió el Premio Príncipe de Asturias, y, al parecer, existe una propuesta de poner su cara en las monedas de euro (!!). Pero al mismo tiempo, Arantxa despreciaba vilmente a nuestra nación: tenía su residencia fiscal en Andorra, nuestro vecino paraíso fiscal. No pagaba impuestos en nuestro país, sus multimillonarios ingresos no contribuían a crear riqueza en España, ella quiso evitarlo. ¿Es eso lo que haría una patriota, una “persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien”? Desde luego que no.

Alguien dirá que tal vez su familia era rica (yo lo ignoro), que estudió en colegios privados y no se benefició de los servicios públicos, que todo en su carrera lo consiguió con su esfuerzo personal y el de su familia, que no debía nada, en definitiva, a este país… Vale, pero entonces que se quite esa muñequera, y se ponga la bandera de Andorra o una foto de su madre.

No quisiera ensañarme con este personaje en particular. La idea para escribir este post me vino de un artículo en eleconomista.es en el que se citaba a una serie de deportistas españoles que fijan su residencia en el extranjero y no pagan aquí sus impuestos. La lista era larga: Carlos Moyá, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo, Fernando Alonso… No diré que son unos tramposos indecentes; sí digo que no son, en absoluto, patriotas. La excepción es Rafael Nadal, de quien decía el artículo que “tanto él como su familia tienen claro que los beneficios y los impuestos se quedan en España“. ¡Bien por Rafa!

Para mí un patriota es quien vive honestamente y contribuye, según sus posibilidades, al bienestar de su comunidad. No hace falta ser rico ni famoso; hacen falta decencia y dignidad. Y personalmente, estoy dispuesto a reconciliarme con nuestra bandera en la medida en que dejemos de identificarla con la “unidad de España” o el hostil orgullo patriotero o xenófobo, y simbolice para todos/as un lugar donde vivir sabiendo que hay derechos que se respetan y solidaridad reglamentaria. Los colores y la Historia me dan igual; me preocupan las personas, hoy.

Imágenes: Prisacom, tomada de as.com, y C.C., tomada de Wikipedia, la enciclopedia libre.

Dedico un último post al concierto del pasado domingo en Barcelona, porque, aunque no lo parezca, este hormiguero no es un blog monotemático sobre Bruce Springsteen, y, de hecho, tengo algunos temas bastante jugosos esperando en el tintero.

Tal vez el Camp Nou sea un magnífico lugar para ver un partido de fútbol (sobre todo si estás en la tribuna y el Barça golea al Madrid), pero no lo es tanto para un concierto de rock. No es del todo justo que llames por teléfono para comprar unas entradas nada baratas el mismo día que salen a la venta (7 meses antes del evento) y un lacónico contestador automático te coloque en la 4ª tribuna del gol norte. Es decir, a unos 150 metros del escenario.

La otra vez que vi a Bruce Springsteen, hace casi 20 años, fue también en un campo de fútbol, el Vicente Calderón de Madrid. Pero eran otros tiempos, y bastó llegar un poco pronto y echarle algo de ganas para coger un sitio en la hierba aceptablemente cerca del escenario. Creo que no había diferentes tipos de entradas; simplemente hubo quien prefirió la grada al césped.

Aparentemente Internet ha democratizado muchas cosas, pues las ha hecho universales y accesibles, al menos para quien tiene un ordenador conectado a la Red. Pero no ocurre así con la venta de entradas para espectáculos y no es ésta, desde luego, la primera vez que sufro esta situación. Para conseguir un buen sitio en un concierto siguen siendo mucho más eficaces el oportunismo, el enchufe o vete a saber qué fraudulentas maniobras, que el ADSL.

Y no es que uno aspire a tocarle las piernas al boss desde la primera fila, pero la verdad es que hubo momentos en el concierto en que me sentía ajeno a él. Cuando Springsteen bajaba a darse baños de multitud entre los más forofos que habían conseguido un preciado puesto junto al escenario era como si el espectáculo estuviera ocurriendo allá abajo y yo me limitara a verlo “por la tele”, en las pantallas gigantes del escenario. Le compré unos cutre-prismáticos a un tipo que los repartía por la grada, pero ni aún con esas.

Otro problema de los macroconciertos es el sonido. Debido a las dimensiones del estadio el sonido tarda en llegar de un extremo a otro aproximadamente medio segundo más que la imagen. Para evitar el desajuste habían instalado unas enormes torres con altavoces en mitad del campo, lo que reducía el efecto a la mitad (más o menos). Pero se notaba. Y además, por muy grandes que sean, no hay altavoces capaces de dar una buena calidad para un auditorio tan enorme.

Y lo peor de todo: el rock’n roll no es para estar sentado. Afortunadamente Springsteen acabó levantando a todo el personal de sus asientos, pero yo eché de menos haber podido dar botes frenéticos desde el primer instante. ¡¡Pero si es que de toda mi grada sólo yo me sabía las canciones!!

En fin, la compañía era muy buena ;-) y disfruté mucho en la distancia. Pero me quedo con la última frase del boss antes de irse: “Barcelona, hope to see you next time” (o algo así). Allí estaré… pero abajo, en el suelo, sudando la camiseta, como tiene que ser. A ver cómo lo conseguimos…

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