

era único. Medía 1,90 metros y caminaba jorobado. Sus manos eran enormes, sus dedos hermosos. Según su amigo Paul Wheeler, «tu primera impresión de Nick era de una increíble elegancia. Sólo después descubrías sus gastados zapatos de cordones o que la chaqueta no le sentaba bien». Solía llevar pantalones de pana negros, zapatos o botas negros y una cazadora negra.
La fama del talento de Nick Drake como cantautor se extendió por el circuito de música folk de Cambridge, y solía ser invitado a tocar en pequeños pubs.
A finales de 1967 empieza a colaborar con Robert Kirby, un joven estudiante de música, con el que trabaja en los arreglos de algunas de las canciones de Nick, que formarán parte de su primer álbum.
A los 20 años un miembro del grupo Fairport Convention lo vio actuar y lo recomendó al productor Joe Boyd. Cuando Boyd le llamó pidiendo una maqueta Nick estuvo encantado. El norteamericano Boyd, con sólo veintitantos años, era ya una leyenda local. Había creado la compañía Witchseason Productions, en la que grababan los más brillantes cantautores jóvenes de Inglaterra. Cuando escuchó la cinta de Drake quedó gratamente sorprendido por su calidad.